El pasado 25 de noviembre fallecía Fidel Castro, quien fue, ya en vida, un personaje histórico de enorme importancia para el mundo entero. La vida y ahora muerte de Fidel Castro han sido motivo de polémica y debate entre defensores y detractores. Pero para bien o para mal, debemos hablar de Fidel Castro; guste más o guste menos.
En estos días, tras su muerte, son numerosas las imágenes y documentos gráficos que han aparecido en televisión sobre Fidel Castro y la Revolución cubana; y debo decir que sentí sensaciones que hace mucho dejé de sentir y es por eso que aquí vengo a aclarar lo mío con la Revolución Cubana.
Con apenas 14 pre-adolescentes años, un muy buen amigo tuvo a bien regalarme la biografía de Ernesto Guevara de la Serna o, como mejor se le conoce, el Che Guevara. Yo, que desde siempre supe que el Che era un referente revolucionario de la izquierda, comencé a devorar con ansia las páginas de ese libro una tras otra. Desde su infancia, pasando por sus viajes hasta la revolución en Cuba y acabando en su muerte. Cada una de las etapas de su vida que, de manera extraordinaria relataba aquella biografía, eran para mí un enorme descubrimiento de aquel hombre del que hasta ese momento apenas conocía su famoso retrato y aquello de "Prefiero morir de pie a vivir siempre de rodillas". Fue así como 50 años después, los valores y la esencia de la Revolución cubana calaron de forma tan brillante en un joven de 14 años. Seguramente pueda decir que caló en mí igual o más que en cualquier joven de las décadas venideras al fusilamiento del Che.
Obviamente, a este que aquí escribe, en ningún momento se le pasó por la cabeza que una lucha armada o cualquier tipo de violencia son las mejores formas de luchar por una ideología o por la política. Que el Che y la revolución entraran de esa forma en mi cabeza no fue por el comunismo (ni mucho menos) ni por alguna otra causa que pueda parecer evidente. Fue por motivos personales que solo yo llegaré a entender en su totalidad.
Y es que el Che y las ideas de la revolución encendieron en mí la bombilla que a todo adolescente se le enciende tras leer un libro, ver una película, hacer un viaje, etc. El Che y la revolución hicieron que me planteara hasta entonces la pregunta más importante de mi vida; ¿por qué? ¿Por qué esto es así y no de otra manera? ¿Por qué debo obedecer a ciertas personas? ¿Por qué nuestra sociedad es así?
Y así fue como quise replantearme todo lo que nos rodea e intentar dar respuesta a las mayores inquietudes del ser humano: ¿por qué hay hambre en el mundo? ¿por qué una persona tiene derecho a mandar sobre un país entero? ¿por qué existe la desigualdad y la injusticia? Todo esto alimentado por el espíritu de lucha de gente como el Che. Alguien que, ideologías aparte, su objetivo final era la liberación de todos los pueblos, la justicia social, la paz, la igualdad y el bien común. Por eso entendí que los valores de la revolución eran esos y valores como esos calan de manera brillante en las almas inconformistas.Pero el tiempo pasa y uno moldea y asienta su cabeza tras leer y aprender otras cosas, ya que necesitamos encontrar la camisa que mejor nos queda (ideológicamente hablando). Y, por supuesto, también hay que darse cuenta de las realidades. Puede que Fidel y las ideas de la revolución fueran de colores, pero es inadmisible que Cuba, desde 1959 hasta 2016, no haya conocido más apellidos que el de Castro. La vida no es vida sin libertad y sin progreso.
Pero como he dicho antes, no fue el comunismo o la revolución en sí lo que me cautivó. Fue la grandilocuencia del Che o de Fidel lo que me hizo soñar, al igual que a muchos jóvenes, un mundo mejor. A pensar que frases como "Seamos realistas y hagamos lo imposible" pueden ser reales, que morir de pie hasta conseguir lo que nos proponemos es imprescindible para vivir esta vida o que debemos ir "hasta la victoria siempre" sea cual sea el propósito.
"Sólo existe un sentimiento mayor que el amor hacia la libertad, que es el odio a quien te la quita." Ernesto Guevara de la Serna.